eduardo cabrera

Mi viaje a Equilibrium

Una vez que empecé este proyecto, Equilibrium, y comenzamos apenas unas semanas atrás a cargar la página web de información en cada una de las secciones, me topé de nuevo con el artículo de Novak Djokovic, y pensé: Yo no seré un campeón del tenis, pero creo que tengo una historia que contar…”

Nací hace apenas unos años atrás en Venezuela, en la que era la patria bonita de Bolívar, en una época de bonanza económica gracias al petróleo. Tuve la suerte de estudiar en mi Alma Matter, el Colegio San Ignacio de Loyola, una institución reconocida por su excelencia no sólo académica, sino por su trayectoria deportiva.

Siempre fui deportista, competitivo y me encantaba ponerme a prueba cada vez que podía en cuanta competencia de natación inter colegial mi entrenador el profesor Seguí, me inscribía. Tenía medallas por doquier. También fui excursionista, jugaba bowling, y como cualquier niño hacía de las mías cada vez que podía. Nunca fui un niño tranquilo, y el deporte fue mi refugio, a la vez que el alivio de mis padres.

Sin embargo, siempre estuve pasado de peso. Claro, entre meriendas, postres, golosinas, y demás; el peso siempre fue un tema. La buena nutrición, y la palabra dieta eran cosas desconocidas en mi hogar. Donde la palabra cariño no se decía, sino que venía con un dulce de la repostería que quedaba cerca.

La adolescencia paso entre gimnasios, y un constante subir y bajar de pesos. Conforme bajaba, subía peor de peso posteriormente.

Luego, al mudarme a la República Dominicana fue caótico. Cuán mala era la dieta y alimentación en general. Y de nuevo, la comida preparada por madres y abuelas era sinónimo de cariño, y dejar la mesa sin haber repetido era un insulto a la cocina familiar y todos los ancestros que desde el Olimpo juzgaban el brillo de los platos vacíos al terminar.

No es sino hasta un accidente que tuve, que al volver a Caracas a realizarme una cirugía de hombro que me diagnostican como Insulino Tolerante, el primer aviso de que la enfermedad familiar estaba a la vista: la Diabetes.

Nueva vez, la palabra dieta, esta vez combinada con fármacos para el colesterol se asomaba a mi vida. Y nueva vez, sin resultados muy efectivos. A pesar de esta vez acompañarla con lo que sería una nueva pasión en mi vida, el tenis.

Por aquellas circunstancias de la vida, tuve la suerte de cruzarme con quien hoy día es mi médico de mayor confianza, el doctor Domínguez, cirujano; quien luego de estudiar mi caso me sugirió la cirugía Bariátrica. A ese momento, mi talla de pantalón era 40, y mi peso, casi 85 kilos, un tanto exagerado para mi estatura regular.

No me costó, luego de aquel vía crucis de dietas y ejercicio tomar la decisión. La cirugía en sí no fue traumática, pero no sabía hasta tiempo después la increíble decisión que había tomado para el resto de mi vida.

Comencé a bajar de peso rápidamente, tuve que pasar por todo un proceso de aprendizaje sobre como alimentarme 5 veces al día para mantener los requerimientos nutricionales de mi nuevo cuerpo. Comidas grasosas que antes me gustaban, eran ahora aborrecidas. Y por supuesto, luego de regalar más de la mitad de mi closet de ropa. Incluí el correr en mi rutina. Ya no me dolían las rodillas, ya me sentía más ligero y mi estado de ánimo era positivo. ¡Mi autoestima por los cielos! Comencé a correr medio maratones, y aunque nunca mi meta ha sido llegar de primero, como he disfrutado el camino cada vez más.

Por circunstancias de la vida, pase un tiempo en la Florida. Allí una pareja de esposos amigos me invitaron a probar el Crossfit, ya que por la corredera de maratones me decían que estaba flácido. ¡Qué excelente oportunidad!, y que bueno que aprendí a dejarme llevar por la intuición de que allá arriba hay alguien que te pone gente por delante para algo.

El Crossfit nuevamente le dió un giro a mi vida, le añadió no solo amigos, adrenalina y nuevas habilidades, sino que me dejó el cuerpo cambiado, y subió la histamina a todo aspecto de mi vida.

Al mismo tiempo, y de nuevo, no creo en casualidades, restablecí contacto con mi mejor amiga de toda la vida, quien después de la universidad había tomado un camino diferente a lo que habíamos estudiado. Grishka se había hecho chef, y no solo una muy buena, sino especializada en comida orgánica, vegan y líbre de glúten. Ella puso en mis manos un libro de Detox que me abrió los ojos a lo mal que había estado comiendo mi vida entera, y todo empezó a tener sentido: Equilibrium estaba tomando forma, primero en mi vida; luego en forma de revista.

Un nuevo capítulo comenzó este 2014 al venir a vivir a México. No solo encontré gente hermosa y amable. Encontré una sociedad que de ser actualmente la reconocida con mayor índice de obesidad en el mundo, lucha por salir de allí con cantidad increíble de eventos deportivos, restaurantes de comida orgánica, mercados e inversión en comida natural; y en general una preocupación por la salud que nunca viví en República Dominicana en 17 años que viví allá.

Curiosamente, no solo continúe con el tenis, maratones y el Crossfit, ahora me dispongo a correr mi primera Spartan Race, y en abril del 2015,el Maratón de París (sí,los 42Km completos) y la verdad, no sé aún cuál es mi limite. Estoy en apenas 4 años en talla 30 de pantalón, y mis exámenes de sangre se confunden con el de un muchacho de 15 años de edad.

Volviendo al principio, no soy un gran atleta reconocido, no llego de primero a la meta, ni gano todo evento al que participo. Pero he encontrado balance en medio del camino, y quiero desde el punto de vista de una persona regular como tú que me lees ahora, ayudarte a que encuentres el tuyo: Tú Equilibrium

Eduardo Cabrera

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Yori Takai, ¡Siempre más alto!

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