Cerrando el 2014, metas cumplidas. Hasta dónde llegar en el 2015.

real del monte

Ayer se cerró un ciclo desde el punto de vista deportivo. Fue un año de cambios, inicios, caídas y tropezones y ganas de levantarse más fuerte aún, y mirando siempre adelante.

Si han leído mi blog ocasionalmente sabrán lo contento y satisfecho que me siento de haber podido concluir ayer mi trifecta de Spartan Race, con la consecusión de la Beast de 21 kilómetros en Real Del Monte. Una verdadera prueba física más fuerte de lo que me esperaba.

Ya los avisos previos a la carrera estaban preocupando, más la cancelación de la carrera de niños por preocupaciones de última hora de seguridad y del clima que en principio nos amenazó a todos. Sin embargo, el día comenzo con un radiante cielo azul y un sol incipiente que en medio del frio calentaba los huesos.

Unos cuantos espartanos valientes salieron a la partida sin camisas, otros como yo, un poco más abrigados; pero todos con equipos de hidratación encima, dadas las advertencias de los organizadores.

El paraje escarpado, una vez que comenzamos todos al unísono del Arooo Arooo, y la cuenta regresiva desde 10, se nos asomó a la vista y nos empezó a dejar ver lo que nos esperaba. Caminos empedrados con rocas sueltas, y cuestas de 45 grados de inclinación casi constantes, aletargaban el paso, y pronto, de nuestro hit, más de la mitad de los que comenzaron corriendo pronto se vieron jadeando y obligados a caminar. Pocos somos los que continuamos a cierto ritmo.

Pronto los obstáculos aparecieron, y para bautizarnos un trayecto de unos 75 metros de alambre de puas encima de un trayecto de lodo y fosas. El aspecto pulcro se perdió en cuestión de segundos, y pronto nos encontramos en medio de la realidad: Esto sólo era el principio!

A metros de distancia, paredes de madera sumamente altas, donde solo el compañerismo, en el caso de la última barda, era prácticamente la única forma de superar esta suerte de muralla china en medio de los bosques de Real del Monte.

Un arduo trayecto, escenarios casi idílicos, como el pase a través de una formación de peñascos gigantes parecidos y que nada le envidian a Stone Henge; el pase a través de grutas de piedras con un rio a un lado (sumamente peligroso y resbaladizo), cuestas empinadas una y otra vez; y de pronto un obstáculo pero para una mente agotada: Un código a memorizar para luego recitarlo 2 kilómetros después.

Las bajadas en cuerda por peñascos con ríos congelados, caminos bordeando acantilados por donde los turistas hacen tirolina, subir con un costal que pesaba más que un matrimonio obligado por una cuesta que parecía venirse encima de ti, tirones musculares en las piernas; todo era un perfecto escenario que te hacía preguntarte una y otra vez, "en que me he metido?".

Sin embargo, los ocasionales gritos de "Vamos espartanos" de alguna voz en lo lejos, desde una loma a otra. O el "aguas con el cactus.." para evitar las largas espinas escondidas entre los matorrales. La solidaridad, y la charla entre los trayectos lentos y empinados, era tan refrescante como el agua del camel back.

Casi llegando, las piernas ya empezaban a fallar. Los dedos de los pies dentro de los zapatos se resentían en las bajadas y repentinas subidas con los pies húmedos del agua congelada. Un par de pozos a varios kilómetros de la meta fue un corrientazo a un cuerpo casi agónico, adolorido.

El sonido a lo lejos de la música del área de partida, nos reanima. Nos saca fuerzas de dónde parecía no haber. Rebaso a personas de hits anteriores, y sé que al menos voy media hora más rápido que ellos. Nunca paré, y de tanto en tanto, alcanzaba a los primeros de mi hit, chavos mucho menores que yo, sin camisa, abdominales afuera y con muchos Spartan en su haber según me comentaron mientras bajábamos por las piedras. Donde ellos eran lentos, yo era rápido, trepando por las rocas, definitivamente yo no tenía quien me alcanzara y aprovechaba para rebasar.

Pronto, los obstáculos finales. Jabalinas, bloques a arrastrar, paredes laterales que atravesar, rampas que escalar... pareciera que el mismo terreno escarpado no les dejo a los organizadores espacio sino para acumularlos al final casi uno detrás de otro. Ya esto era un juego mental, si ya estábamos cerca de la meta, cómo no sacar ese extra que se necesitaba.

Luego del último obstáculo, una cubeta llena de piedras por una última cuesta, dónde la amenaza de un desgarre muscular se presentó, y sólo la consciencia de administrar el esfuerzo y el parar oportunamente de vez en cuando, nos permitieron seguir cuesta abajo. La gravedad y el ánimo nos dieron un nuevo impulso, la barrera de fuego esta vez era más alta. Y aunque vi a los dos que venían delante de mí brincarla por lo más bajo de la llama. Yo, después de tanto esfuerzo, pensé cerrar con broche de oro. Simplemente miré donde estaba más alta, aceleré aún más valiéndome de la inercia de la bajada y el resto de la fuerza de mis piernas, y brinqué como si todos los camarógrafos de la prensa mundial estuvieran allí para mí.

Llegar a la meta, que te pongan una medalla al cuello y escuchar los aplausos de todos los presentes, aunque yo estuviera esta vez sólo por mi cuenta, fue la más grande gratificación. Que me pusieran otra medalla por la bien merecida trifecta (los tres trayectos en un mismo año de 5, 13 y 21 Kms.) no tiene forma de describirse. Ha sido un año con un cierre de broche de oro!

Pero apreciado lector, esta emoción y sentimiento con la que escribo mi satisfacción de haber culminado con éxito lo que me propuse, solo tiene un sentido. Y es que tú que me lees, sepas que no hay meta que no puedas cumplir sin trabajo, planificación y dedicación.

No creas que esto lo logré de una forma sencilla. Hubo mucha agua por debajo del puente que corrió. Meses de trabajo, nutrición adecuada, dejar de festejar unas cuantas veces porque tenía que entrenar, y sobre todo, una fortaleza mental de no dejar de mirar el objetivo fijamente ni una vez.

En esta vida, nacemos solos, y morimos solos, es una gran realidad. Nadie va a hacer por ti los cambios que requieres para conseguir lo que quieres, sólo tú eres quien puede vencer la inercia. No esperes al primero de enero para fijarte metas, no sólo a nivel deportivo, sino de nutrición, familia, trabajo.. el cielo es el límite de lo que puedes hacer, y lo más importante, todo en equilibrio...

Gracias por seguirme

Eduardo Cabrera

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