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Rutas de senderismo: Refuge Cove @Wilsons promontory

6 horas de camino de grandes vistas y paz mental

Si te gustan las rutas de senderismo que combinan diferentes escenarios y nada monótonas, el promontorio de Wilson, en la zona sur de Victoria en Australia; es un parque nacional a tan sólo 3 horas de Melbourne donde puedes hacer un buen paseo y si estás en un momento zen de tu vida, hacer un poco de introspección.

Al llegar al parque, lo primero es registrarse en el centro de visitantes donde si vas a pernoctar debes dejar tu información de contactos de emergencias y los datos de tu vehículo para poderlo dejar en el estacionamiento de senderistas. El costo del acceso al parque es sumamente económico (7 Aud$) lo cual te incluye el bus que te lleva a la estación Telegraph Saddle, de donde parten los senderos hacia los diferentes circuitos.

Ya he visitado este parque, y confieso que estoy obsesionado con el por las bellezas naturales, lo retadoras de sus rutas y sobretodo por la organización que los australianos han sabido apuntalar en sus parques nacionales.

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La primera etapa comienza en Telegraph Saddle hacia Sealers Cove.

Esta es una ruta de unos 10 kilómetros a través de bosques de helechos y eucaliptos en senderos llenos de raíces y monolitos de piedras atrapados en ellas. Es una ruta sinuosa, básicamente en bajada con riachuelos en algunas de las curvas que en épocas de lluvia pueden ser peligrosos por traer derrumbes de piedras y barro.

El suelo está lleno de hojarasca, y en esta época en el hemisferio sur es verano, por lo que es temporada de incendios forestales, y si de por sí está prohibido hacer fogatas en parques nacionales, en esta temporada es sumamente penado por ley.

Luego de unas 3 horas de camino, comienza un boardwalk que fue construido apenas hace unos 10 años por las inundaciones en la zona, y para poder atravesar la zona de manglares en recuperación que se encuentra cerca de la primera parada.

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Este particular sendero me encanta pues al llegar a Sealers Cove es como descubrir un mundo nuevo, pues apenas a unos metros de finalizar el manglar empiezas a escuchar las olas del mar, y al salir de la vereda la impresión que deja esta bella ensenada luego de bosque por varias horas es un colirio para los ojos.

La playa cristalina es silenciosa, con olas de apenas unos centímetros de altura y se extiende por la bahía por un par de kilómetros. A lo lejos algunas cacatúas hacen gala de su vuelo y rompen la monotonía con sus sonidos estridentes para socializar con sus vecinos de árbol.

En la playa, algunas gaviotas se ocupan de secar sus plumas mientras escarban la arena en búsqueda de pequeños moluscos para comer.

El escenario es simplemente idílico y pacífico. Cómo no sentirse confortado y en armonía?

Refuge Cove

Segunda etapa: 6.5 kilómetros a Refuge Cove.

Nuestra parada para unas botanas no dura mucho. Al final de la playa en Sealers Cove hay que cruzar el río, y dependiendo de la marea, la profundidad puede convertirse en un obstáculo.

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Hay que quitarse las botas y medias, arremangarse los pantalones y poner todo en la mochila. El agua llega casi a la cintura, pero lo mejor después de caminar por 5 horas con peso a la espalda, es lo refrescante del agua. Por lo pronto la prioridad es mantener secas las medias y las botas, nadie quiere ampollas por la fricción al caminar con todo mojado.

Paso la zona de acampada de Sealers cove, y comienza el ascenso de unos 300 metros de altitud de forma a veces gradual, a veces bastante empinado. Pero el cambio con el sendero anterior es bastante amplio. Aquí caminas paralelo al mar, y las vistas son simplemente asombrosas, especialmente en un día soleado como hoy.

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Al llegar a un monolito gigante de piedra que es parte de la ruta, se hace obligatorio sacar la cámara y tomar una foto; los colores alegran tus pupilas y la brisa reconforta la piel sudada del esfuerzo. Es el propio lugar para tomar una bocanada de aire puro y botar las toxinas acumuladas en los pulmones.

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Comienza la bajada, el monolito anterior era el punto más alto de la colina. Y tras unos 40 minutos llegamos a Refuge Cove: Qué espectáculo!

Otra bahía mucho más pequeña, circundada en los lados por grandes monolitos de piedra ideales para tomar una siesta debajo del sol.

Lo primero es sentar campamento luego de limpiar el área, pues los insectos circundan la hojarasca del piso en el área designada por los guardaparques para nosotros. Si bien está bastante libre de maleza, hay que recordar que estamos en el entorno natural y el encuentro con alacranes, arañas, entre otros insectos; no es nada fuera de lo común.

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Hay que disfrutar de la playa luego de un bien merecido almuerzo, y por supuesto, un buen café caliente. Qué mejor recompensa para recargar baterías?

La noche comienza un tanto tarde por la temporada. Oscurece casi a las 9 de la noche. Y el sonido de las olas susurrando me arrulla en una noche de sueño reparador. Apenas alguna ave durante la noche se escucha a lo lejos. La brisa del mar entra por la puerta de la tienda que he dejado abierta sólo con el mosquitero.

La vuelta: Si todo lo que sube tiene que bajar, en senderismo también funciona al revés. Hay que subir lo bajado!

Desayunar un poco más fuerte es necesario cuando sabes que tienes que caminar unos 17 kilómetros con 40 kilos a cuesta por subidas empinadas. Un último café en la orilla del mar, y a recoger.

Debajo de la tienda tuve un visitante un poco desagradable: un escorpión marmoleado. Luego de apartarlo recojo todo y comienza la vuelta.

Al parar en Sealers Cove, luego de atravesar el río. Decido que voy a tomar un último baño en la playa, pues nadie me está esperando y el tiempo se ha paralizado de tanta paz que siento dentro.

Subir los últimos kilómetros fue un tanto pesado sobretodo porque la temperatura ha subido y la humedad del bosque se siente en lo mojado de la ropa.

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He bajado un poco el paso, y disfruto de la vista ocasional de algún wallabie (familia menor de los canguros) que se esconde de los excursionistas. Hoy no me tocó ver koalas silvestres, que ya he visto en otras ocasiones aquí a tan sólo 2 metros de distancia.

Ha sido apenas un día de excursión, y luego de bajar en bus al centro de visitantes; una limonada bien fría sabe a gloria.

El próximo paseo ya está en mi mente, el faro que se encuentra en el extremo sur!

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Recuerda al hacer senderismo recoger todo lo que que llevas contigo, e incluso recoger los desperdicios que otros dejen por el camino.

Deja recuerdos, no rastros!

Toma fotos, no te lleves plantas o animales de su entorno natural.

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